martes, febrero 28, 2006

THE END

Lanzarote 28 de Febrero de 2006.

Que lejos queda América. Que lejos queda el viaje, las experiencias vividas, la vitalidad de ese continente que se cuela por mis venas y me invita a girar con el mundo. Ahora simplemente el hecho de intentar acabar este relato que posiblemente nadie lea, se me hace un mundo. Vamos a intentarlo, aunque solo sea por Víctor que me lo ha pedido.

Hace ya mucho tiempo que Clari y Marta llegaron a Trelew. A la alegría del encuentro se añadió la extrañeza del parto. De repente de ser dos, pasamos a ser cuatro. Yo creo que ese mismo sentimiento vino por parte de las dos pseudo parejas que ya estaban creadas.

Tarde de narraciones, de contar anécdotas, aventuras. Risas, bromas, comida, cerveza y un buen vino de Mendoza para celebrar la unión y de paso ayudar a bajar el asado.

Al día siguiente y sin mucho entusiasmo fuimos a visitar la Península Valdés. Digo lo del entusiasmo pues sabíamos que no era época de ballenas y además tampoco hay muchos bichos en este momento del año. Fuimos en taxi, pues nos costaba menos a los 4 que el ir en una excursión organizada. David, el taxista que no guía, nos sorprendió con su total desconocimiento de la zona, de la vida animal y de todo lo que le preguntamos. Hay que reconocer que era buen tipo, pues en lugar de intentar meternos bolas como respuesta a nuestras preguntas, el hombre se encogía de hombros y decía; “NO SE!!!” Y se quedaba tan ancho. Viva la sinceridad.

Efectivamente fue una experiencia un poco decepcionante, pues la fauna que mas abundaba iba en shorts y acarreando toda clase de artilugios electrónicos con los que posteriormente se encargaran de torturar a sus familiares y amigos. Para que negar que nosotros pertenecemos a ese tipo de fauna. Preparaos. Aparte de la fauna mencionada, pudimos ver muchos lobos marinos, algunos elefantes inamovibles y muy pocos pingüinos. Lo más destacable fue ver el vaciado de la caleta Valdés por la bajada de la marea. Ese si fue el lugar que decantó la balanza e hizo valer la pena el largo recorrido de mas de 500 kms que nos pegamos ese día.

Al regreso paramos en el bullicioso Puerto Madryn y al lado de su tumultuosa y gigantesca playa aprovechamos para saludar al padre de Bárbara. Bárbara!!! Por si lo lees, un saludo.

El día siguiente ya fue otra cosa. Con otro taxi y esta vez con Juan el dueño de la CIA, nos fuimos a ver la pingüinera de Punta Tambo. Según nos cuentan la más grande de Suramérica. En este caso, Juan si sabía mucho sobre la zona y nos explicó cantidad de cosas. Lo de la pingüinera realmente valió la pena. Dicen que hay más de un millón de pingüinos. Yo no me paré a contarlos, pero puedo decir que hay muchos. Lo más sorprendente es que estos bichos están repartidos por todo el paisaje, durante muchos kms antes de llegar al mar. Yo siempre creí que estaban todos apelotonados en la orilla de los océanos y resulta que tienen una especulación inmobiliaria parecida a la nuestra. Cada año vienen a nidificar a estas tierras y conservan siempre el mismo nido del año anterior. Y otro dato mucho más triste. Conservan a sus parejas de por vida. Mi teoría de que el hombre como animal que es, es promiscuo siguiendo las leyes del instinto, al carajo. A ver que me invento ahora.

Uno de los mejores espectáculos de todo el viaje, fue ver a estos pajarracos dirigiéndose al mar a miles, una vez el sol calienta. Parece Salou la primera quincena de Agosto, pero sin toallas, ni sombrillas.

De vuelta a Trelew paramos en un pueblo de ascendencia galesa y nos mandamos un te típico, con sus consabidas tartas y dulces anexos, que nos dejó los índices de glucosa a la altura del Aconcagua. Con tanta provisión de energías procedimos esa tarde al asalto de Buenos Aires, metiéndonos 20 horas de bus entre culo y espalda. Esta vez si funcionaba el aire acondicionado y el viaje se hizo muy llevadero.

Y aquí llega la parte final del viaje. La ultima escala antes de meternos en la maquina del tiempo y volver a la vieja y aburrida Europa.

De Buenos Aires, que decir en pocas palabras. Que ha sido una gran sorpresa. Me ha parecido una ciudad aparte de gigantesca y bulliciosa; viva, vital, culta, hermosa, majestuosa, verde, gris, trágica, mundana, monumental, mísera, turística, real, culta, efervescente, y sobre todo Tango.

El Tango marca el ritmo de la ciudad, y si bien hay mucho montaje turístico a su alrededor, hemos podido ver y sentir que en el trasfondo de la ciudad y sus gentes, el tango sigue fluyendo por las venas de los porteños, marcando con sus notas trágicas el latir de los corazones.

Una noche nos fuimos a un local de Tangos para la gente de la ciudad; “el Beso”, en la calle Riobamba. La gente llega con sus zapatos de tango metidos en bolsitos colgados al hombro y se sientan alrededor de la pista de baile. La música comienza y las miradas se entrecruzan. Imperceptibles señales para nosotros, calan entre los contendientes y se lanzan a la lucha tanguera. Es digno de ver como siente el baile la gente. Como se concentran, como miden cada movimiento, sin apenas abrir los ojos, sintiendo esta danza de apareamiento hasta en el tuétano.

En Buenos Aires pasamos tres días, en los que visitamos todo lo turisticamente visitable; El obelisco, la calle corrientes, la plaza de Mayo, la Avenida de Mayo, el congreso, La boca, el estadio del Boca Juniors, Puerto Madero, el barrio de Palermo, sus inmensos parques, el cementerio Recoleta y como no, la tumba de Evita.

El último día lo destrozamos comprando convulsivamente, como gesto de rabia por el fin del viaje, por el fin de esta experiencia vital.

Buenos Aires. Lindo broche final a esta aventura.

Ahora, una semana mas tarde, he plegado curiosamente Argentina y la he guardado en un cajón para que no se me ensucie. Chile es demasiado largo y he preferido enrollarlo y meterlo en un tubo y así protegerlo de la humedad. Son mis tesoros y si bien la experiencia pertenece al pasado y te hace dudar de la existencia de lo vivido, un extraño calor en el fondo de mi pecho me dice que si, que todo eso está ahí dentro y que seguirá conmigo hasta que nos vayamos.

The End.


Salgo a caminar
Por la cintura cósmica del sur
Piso en la región
Más vegetal del tiempo y de la luz
Siento al caminar
Toda la piel de América en mi piel
Y anda en mi sangre un río
Que libera en mi voz
Su caudal.

5 Comments:

Anonymous Victitor said...

Bien, tiene sabor a final claro, y ya sabemos que todos los finales son agridulces. Pero para acabar algo siempre es necesario empezarlo.

Dichosos los viajeros que escriban muchos finales porque su vida estará permanentemente llena de principios. (1ª bienaventuranza del trotamundos según San Victitor)

Adeu

1:44 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

NSU - 4efer, 5210 - rulez

10:35 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Veo que ya hace mucho tiempo que nadie publica un comentario aquí... pero... ¿sería posible que Maxi me facilitara su email? Nos conocemos de los 80, en tierras alicantinas, y me gustaría retomar contacto con él. Frase clave: "Me pregunto quienes son los muertos, si ellos... o nosotros". (Ya debe saber quien soy) ;)

1:33 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Soy Maxi.
Mi mail es maxibiela@yahoo.es
No estoy seguro de quien eres.
No se cuando escribise, ni si lo vas a volver a hacer.
Mayo-209

5:30 p. m.  
Blogger Angelica said...

Es un placer para los que viajamos, poder conocer distintos lugares y relacionarnos con personas de otras culturas. Como hace poco inverti en la compra de departamentos en buenos aires, hace un tiempo largo ya que no viajo y prefiero quedarme en mi hogar

6:12 p. m.  

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